Diversidad Biológica

La pérdida actual de biodiversidad y los cambios derivados en el medio ambiente se están produciendo a una velocidad hasta ahora desconocida en la historia de la humanidad, más de cien veces superior respecto al ritmo natural, y no hay indicios de que este proceso se esté ralentizando. Prácticamente todos los ecosistemas de la Tierra han experimentado una transformación radical fruto de la mano del hombre, y continúan transformándose.

Los grandes generadores de dicho cambio son sin duda la transformación de cobertura del suelo y la sobre pesca, pero también están ejerciendo una gran influencia la modificación de los hábitat, la introducción y propagación de especies exóticas invasoras, la sobreexplotación de los recursos naturales y la contaminación, especialmente la provocada por el abuso de los fertilizantes que se traduce en un exceso de nutrientes en los suelos y el agua. Y a todo esto hay que sumar el cambio climático, que se prevé que producirá un aumento del riesgo de extinción de especies, inundaciones, sequías, reducción de las poblaciones y epidemias.

Y toda esta pérdida de biodiversidad repercutirá, y repercute ya, en el bienestar del ser humano, debido al mayor riesgo que se ha generado de que se produzcan cambios medioambientales repentinos, como la disminución drástica de las poblaciones de peces, inundaciones, sequías, incendios forestales y enfermedades. Pero también le afectará, como ya le está afectando, en forma de conflictos y crisis humanitarias motivados por la escasez de alimentos y recursos hídricos.

Todo ello nos llevará a tener que tomar decisiones importantes sobre los compromisos entre objetivos en conflicto, como por ejemplo entre la producción agrícola y la calidad del agua, o entre el uso del agua y la biodiversidad acuática. Así, las políticas que más contribuyan a la conservación de la biodiversidad fomentarán a su vez un mayor bienestar del ser humano al mantener los beneficios múltiples derivados de los ecosistemas.

Y no hay que olvidar a la sociedad, que debe estar bien informada sobre los beneficios que se derivan de la conservación de la biodiversidad y hay que plantearle abiertamente y con visión de conjunto las contrapartidas que surgen al favorecer unas opciones en detrimento de otras. Pero aunque los motivos económicos pueden justificar por sí solos una mayor protección de la biodiversidad, el grado de biodiversidad que se conserve no debería depender únicamente de las consideraciones utilitaristas, sino también de las implicaciones éticas. Cuando se trata de decidir entre mejorar el bienestar humano y frenar la pérdida de biodiversidad, busquemos las formas para que se produzcan sinergias entre ambos.

Mónica Solé