Cambio Climático

El uso del regalo que supuso el descubrimiento de la energía procedente del carbono fósil supuso el lanzamiento a la atmósfera de millones de toneladas anuales de CO2. El CO2 es el responsable de que podamos vivir en el planeta Tierra, pues gracias a que atrapa parte de la radiación infrarroja que sale de su superficie contiene ésta entre los 6 y los 24ºC que es lo que se necesita para una vida basada en las proteínas. La temperatura media global (TMG) del planeta en la presente era geológica, con el Atlántico como un océano que va de polo a polo, y el istmo de Panamá cerrado, oscila entre los 15ºC en las etapas interglaciales y los 6ºC de las etapas glaciales: Una Tierra muy fría si se compara, por ejemplo, con el Cretaceo, con 22ºC. La TMG depende de la cantidad de hielo en la superficie de la Tierra, de la circulación del los océanos y de la cantidad de CO2 en la atmósfera, y en menor medida, de la insolación, de una manera muy compleja y con diferentes estados de equilibrio.

Desde la puesta en marcha de la 2ª revolución energética, en 1800, con la explotación de las minas de carbón de Newcastle, y posteriormente con la explotación del petróleo, hemos lanzado a la atmósfera unos 300.000 millones de toneladas de CO2, lo que ha supuesto que la concentración del mismo pase de 280 partes por millón a 382 partes por millón (ppm) en los últimos 120 años. Esta concentración de CO2 en la atmósfera es desconocida en la Tierra desde hace algunos millones de años, y lo hemos hecho en 120 años. Si no paramos, y mantenemos la emisión acelerada de CO2, llegaremos a unas 600 ppm a finales del siglo XXI.

Esto supone una elevación de la temperatura media global de unos 3ºC, y con ella la desertización de muchas partes del planeta, como son España y el Sahel hasta las costa atlántica. Adicionalmente, y puesto que el CO2 permanece en la atmósfera durante 130 años, el deshielo de Groenlandia, que hará subir el nivel del mar en unos 6 metros, con la desaparición de los deltas del Guadalquivir, del Ebro, y de la mayor parte de las urbanizaciones costeras españolas, así como la ruina de la población del Golfo de Bengala (Bangla Desh y Calcuta en la India).

No debemos permitir que esto ocurra. La mejor solución es cambiar nuestro paradigma energético.

Antonio Ruiz de Elvira